lunes, 22 de abril de 2024

Entonces, ¿por qué lo haces?

Saludines saltarines (?) para toda la racita que me está leyendo. Acá, como está siendo costumbre, vengo una vez más para actualizar este sitio. No voy a mentir, es divertido andar moviéndole al blog por aquí y por allá.

Espero me disculpen por los constantes cambios al formato del blog; hace unos días me encapriché con quitarle el clásico borde blanco a las imágenes. Pero después de mucho batallar e investigar no di con una solución (a pesar de muchas posibles soluciones que encontré en el camino). Lo único que me quedó fue cambiar el tema general y siendo sinceros, me gusta más como se ve ahora.

El formato anterior lo hice medio al aventón y había colores que se quedaban clavados en lo más profundo de mis cromosomas artísticos, porque de plano no congeniaban como debería de ser. Al menos dentro de mis gustos.

Te detesto, Andrés.
No ha pasado mucho desde la semana pasada, lo cierto es que hice planes y todos se tuvieron que detener unos cuantos días por culpa de Andrés. No sé qué rayos es lo que le hace a mi cerebro, pero es como si entrara en modo pasivo y no tuviera mucha energía para otras cosas. Todavía estoy pensando en qué sería bueno hacer en ese tiempo libre, porque a veces lo único que deseo hacer es tirarme a dormir o ponerme a jugar videojuegos. No es malo, pero en exceso me incomoda porque sé de sobra que puedo usar mi tiempo en cosas más productivas. Pero es lo único de lo que me voy a quejar en cuanto al payaso de Andrés. Al ya no presentar el dolor que me hacía sentir como si me estuviera muriendo, sé que puedo adaptarme fácilmente. De una u otra forma sé que puedo encontrarle provecho a la situación.

Bueno, usualmente vengo acá a platicar cosas sin sentido o simplemente cosas ‘random’; esta ocasión quiero comentar algo que se ha clavado en mi mente y debe salir.

Estos días estuve platicando con mi esposo sobre varias cosas (bueno, ¿y cuándo no? Jaja XD), pero lo que más resaltó fue sobre como muchos artistas se obsesionan con alcanzar grandes audiencias (o sea, subir el numerito de seguidores, me gusta y de vistas) para “alcanzar a posibles clientes y así vender mucho” en cada cuenta de cada red social que tienen.

Uhm, de hecho...
La broma es para ustedes, 
porque estoy editando 
un vídeo sobre 
comisiones y clientela.
Y no, no vengo a hablar sobre como esa noción es errónea (y estúpida) en MUCHOS aspectos; tampoco vengo a hablar sobre estrategias para vender comisiones de manera efectiva o aumentar tus posibilidades de conseguir clientela.  

Quiero abordar (o al menos intentar) un aspecto más profundo de esa extraña noción, quiero intentar irme al “núcleo” del artista que de pura casualidad me esté leyendo y se sienta identificado con esa frustración por no alcanzar un numerito alto.

>implicando que alguien aparte de
mi fan número 1 me está leyendo
Según yo no voy a extenderme demasiado, porque ‘es sencillo’. Pero conociéndome quizás acabe escribiendo un pergamino. Así que acá voy:

Hay algo que en lo personal me enfada mucho y es cuando veo a otros artistas quejarse cuando un dibujo no alcanzó los números deseados; me obliga a preguntarme “entonces, ¿por qué lo haces?”

Quizás sea una pregunta un tanto obvia o pueda considerarse tonta, pero en serio, ¿por qué lo haces?

Es cierto que existe una pequeña posibilidad de conseguir un potencial cliente a la hora de alcanzar mucha audiencia, pero no es garantía. A este punto es un axioma: numerito alto en redes sociales no significa que se convertirán en clientes tuyos.

Hay muchos factores que influyen en esto y tristemente muchos artistas se obsesionan con alcanzar grandes números en todas sus piezas. Hay unos que invierten horas y horas de trabajo creyendo que: “entre más le invierto, más audiencia ganaré” y cuando se topan con la realidad lo toman como una derrota, mientras consideran que todo ese esfuerzo en vano.

Luego, bajo las observaciones que he hecho a lo largo de los años, caen en un pequeño lapso depresivo donde abandonan casi por completo sus lienzos… pero muchas veces vuelven y repiten el ciclo. Inevitablemente me hace preguntarme (otra vez), “entonces ¿por qué lo haces?”

Independientemente de la profesión que uno haya elegido, es cierto que el primer aspecto que debemos considerar y nos anima a seguir el camino de dicha profesión es: porque me gusta hacerlo.

Y claro, sé que sería ideal si todos pudiéramos dedicarnos a lo que más nos apasiona y que nos ayude a pagar las cuentas así como poner el pan en la mesa. Pero la vida no es así, hay muchos factores que van a intervenir para alcanzar algo tan perfecto.

Pero entonces vuelvo a la pregunta, hablando de arte sin importar la rama (música, actuación, pintura, escritura, escultura, etc.), ¿por qué lo haces?

Quizás suene pesimista, pero si tantas decepciones te trae no ver dinero gracias a tus esfuerzos al dibujar/actuar/componer/escribir/esculpir, ¿para qué molestarse en hacerlo?, ¿por qué esforzarse? Por las quejas, tu estado de ánimo y la forma depresiva en cómo se abordan estos temas a través de internet (sin mencionar la competencia), mejor ni lo hagas. Ya no lo intentes y busca otra cosa más estable (y convencional) que pueda darte de comer.

Sí, bastante pesimista y hasta doy motivos para que me la mienten, pero también sirve de filtro.

Esto viene desde mi experiencia, en especial porque es mi espacio y ni modo, se aguantan. Cuando yo empecé a estudiar dibujo digital por mi cuenta mi objetivo era mejorar lo poquito que sabía porque quería comenzar a ganar dinero, y así ayudar a mi familia.

No voy a decir que lo hice con todo el optimismo y que jamás me rendí porque mi destino es el arte y al final todo salió bien porque nunca me rendí, ya que si lo sueñas entonces puedes lograrloooooooooo, ¡nada es imposibleeee!... ew.

La verdad es que casi estaba por tirar la toalla de no ser porque mi novio (ahora esposo) no permitió que renunciara a lo que más me gustaba hacer. Y siempre le voy a estar agradecida por el apoyo, ya que no me arrepiento de haber continuado en este camino.

Porque sí, dolió mucho no ganar dinero y tener que estar extendiendo la mano por dos años consecutivos mientras veía problemas acumularse y yo no podía hacer gran cosa. Y sinceramente qué bueno que me dolió, qué bueno que caí en esa desesperación que me orilló a considerar otras opciones más convencionales, qué bueno que me frustré mucho al punto de llorar por la impotencia de no ver ningún resultado monetario por mis esfuerzos, qué bueno que sufrí. Porque me di cuenta que a pesar de todo lo mal que la pasé, siempre me llenó el aprender y me divertía durante el proceso. Quizás no vi los resultados económicos que yo quería (y con los que tanto soñaba), pero no importaba porque me causaba mucha satisfacción.

Y en cuanto me di cuenta de ello comencé a unir los puntos, donde caí en esta conclusión:

Aun si no pudiera vivir de lo que tanto me apasiona, estaría bien. Porque de todas formas seguiría dibujando, aun si fuera sólo sobre una servilleta porque me hace feliz. No importa si eso implica que debo ganarme la vida de otra forma más tradicional. Yo seguiré dibujando por puro gusto.

Después de eso todo se volvió más ligero, no aplacó los obstáculos y tampoco los pesares; pero inevitablemente se volvió más llevadero.

Y la verdad muchas veces
acababa dormida frente al monitor.
El camino no fue fácil ni sencillo. Yo siempre lo sentí largo y cansado. Hubo muchas noches en las que terminaba cansada por los quehaceres del hogar (era la única que podía echar la mano con ello) y aun cuando podía irme a dormir en cuanto entraba a mí cuarto, siempre elegí ponerme a estudiar y practicar (y relajarme jugando de vez en cuando jaja). Aunque sólo pudiera hacerlo a partir de las 11 de la noche hasta las 2 ó 3 de la mañana para repetir la rutina una vez más.

Pero era un cansancio que valía la pena. Aclaro, no ganaba dinero, pero el proceso de aprendizaje y todo ese mundo nuevo que estaba expandiéndose ante mí reforzaba mi conclusión. Sólo debía seguir con ello, también darle tiempo y aplicar ciertas estrategias a la hora de vender mi trabajo (sí, pienso hablar de ello en el futuro). Y cuando menos lo pensé, ya estaba recibiendo mis primeros pagos.

Así que con todo lo que ya puse puedo contestar la pregunta que hice hace unos párrafos “entonces, ¿por qué lo haces?”

Porque me hace feliz.

Sí, hay más de fondo en esa respuesta dependiendo de la persona a la que se le pregunte, pero creo que esa misma pregunta es una buena forma de poner en perspectiva la forma de pensar y abordar las cosas de cada quien. En especial cuando debes revisar tus prioridades a la hora de usar tus habilidades. Si te frutras porque no alcanzas un número sin importancia y sientes que tu mundo se viene abajo cada vez que pasas por eso, ¿no crees que está fallando algo en tu forma de ver las cosas?, ¿no piensas que hay algo erróneo en tus prioridades?

Es muy complejo, sí. También sé que no estoy abordando el tema de una forma eficiente y me gustaría pulir esto lo mejor posible, pero quiero dejarlo como una base “cruda” para la introspección de cada quien.

Muy seguramente vaya a enojar a alguien y me alegro si es el caso. Porque eso da inicio a una reflexión personal sobre lo que escribo aquí.

Quizás no es lo ideal o lo que uno querría leer estando en medio de una situación apretada como la que llegué a contar de mí, pero hay que tener siempre en cuenta que la introspección es muy importante. Así como es fundamental comer, también hay que reflexionar sobre nosotros para seguir avanzando. Suena absurdo, pero es cierto.

Porque es casi imposible avanzar en lo que quieres cuando no arreglas estas bases fundamentales de tu propia mente. Y no insinúo que resuelvas todas las incógnitas de tu psique en un fin de semana, ese siempre será un proceso que nos llevará toda la vida. Sólo quiero que reflexiones el porqué de las cosas que te causan pesar cuando, quizás, deberían hacerte feliz. Uno aprende mucho de sí mismo cuando se plantea preguntas de este calibre. Quizás sean fáciles de contestar para unos, pero hay muchos otros que no quieren hacerlo porque hay verdades que prefieren ignorar con tal de no afrontar ciertas situaciones que, quizás, afrontan día a día.

En fin, pueden considerarlo como un ejercicio de reflexión si así lo quieren.

Por ahora no me queda más que despedirme y ya saben, tómense su agüita. Y de paso pónganse bloqueador solar porque el Sol anda canijo estos días.

Bye-bye~

No hay comentarios.: