Nota: inicié en la noche y apenas terminé de escribir por la tarde.
Esta semana se me fue en otro parpadeo, no me dediqué de lleno a dibujar salvo para una comisión y un shitpost (creo… ¿o fueron dos? No recuerdo ya jeje), el resto he estado concentrando mi energía en avanzar detalles técnicos para mi futura tiendita. Me tomó casi tres días familiarizarme con la impresora y la configuración óptima para impresión. Fue cansado y a veces me sentí decaída porque no daba con el clavo, pero qué bonito se siente ver que dicha brecha de conocimiento se ha eliminado gracias a todo el esfuerzo y estudio del tema (más la prueba y error =P).
Curiosamente mientras estaba dedicándome al tema de la tienda, mi esposo recibió otra llamada muy discreta para informarle sobre una entrevista de trabajo, todo esto para el día siguiente. Me causó gracia como se acomodaron las cosas, mis padres salieron por un mandado, justo cuando ellos cerraron la puerta yo perdí en un videojuego (Galaga) y en ese instante mi esposo recibió dicha llamada. Fue muy curioso.
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Sin dar muchos detalles tan
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Aprovechando mis habilidades de ‘stalker’
logré dar con la empresa justo antes de que le mandaran la información por
correo electrónico (como se lo dijeron en la llamada) a mi esposo. De ahí pude
confirmar y seguir indagando en la empresa. Se ve prometedor, pero no cantamos
victoria.
Una vez más me puse las pilas investigando la ruta para asistir a la entrevista porque la ubicación se encontraba casi al otro extremo de la ciudad. Afortunadamente varios medios de transporte todavía alcanzan dichas inmediaciones, así que me instruí lo mejor posible y me aprendí las rutas de ida como las de vuelta. Inevitablemente mis padres se enteraron del asunto, al final se ofrecieron a llevarnos y pues ahí nos fuimos todos en el auto la mañana siguiente. No quería eso, porque mi papá sigue recuperándose. Ya tiene más fuerza, nada más no quiero que se lleve al límite o algo por el estilo.
Aunque estaba muy lejos llegamos en corto tiempo en auto, los cuatro nos sorprendimos por ello. Especialmente porque salimos con hora y media de ventaja (por si acaso) y logramos la meta mucho antes de lo esperado.
Mi esposo entró a la entrevista y pues puede decirse que le fue bien. Varias habilidades suyas llamaron la atención del administrador/entrevistador y una de ellas, se supone, debería ser de cajón por parte de los profesionales de su carrera. Pero por lo comentado por reclutadores y las ofertas de trabajo que llego a ver en línea, me doy cuenta que no todos cuentan con dicha habilidad. Me sorprende mucho, porque se supone que todos deberían saber, no es una especialidad ni nada por el estilo, es una base. Como sea, ojalá mi esposo consiga el empleo. Aun si no es el caso, iniciaremos el “plan C”. De una u otra forma hay tierra de sobra para trabajarla :D
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| Prepárense, acá viene mucho texto. |
Desconocía por completo que estaba guardando rencor hacia las personas que me habían hecho daño. Reconozco que no me parecía normal, pero por más que le daba vueltas sólo caía en malas costumbres y no profundizaba más en el tema. No fue sino hasta el asunto del hospital que todo se sacudió en mi interior para darle cabida a asuntos que realmente son de importancia.
Hay otras cosas que pasaron en el hospital y no he podido escribir a detalle, esto que voy a comentar junto con el rencor están conectados y me parece interesante. Así que acá les va :D
Durante la estancia de mi papá en el hospital fue inevitable encontrar a otras personas sufriendo al ver a sus familiares hospitalizados. Una noche mientras iba subiendo con una pasta dental para mi papá (que me la pidió uno de sus enfermeros) me encontré con una señorita con los ánimos tan bajos que no pude evitar preguntarle cómo estaba. Era obvio que mal, pero tenía que preguntar.
Como nota debo añadir que dicha mujer me caía mal, porque se la pasaba acaparando (junto a su hermano) unos sillones especiales para los familiares de los pacientes en terapia intensiva. Dichos sillones eran reclinables, ellos nada más tenían cosas suyas sobre ellos y dormían en uno diferente cada uno. Las reglas del hospital dictaban que solo una persona se podía quedar por las noches en la sala de espera (de terapia intensiva), por ende nada más les correspondía un sillón. Pero pues… ya ven, a veces hay gente abusiva. Mi mamá se quejó con los encargados de estos asuntos en el hospital y así obtuvo un sillón reclinable para que pudiéramos quedarnos a dormir en lo que mi papá estaba internado.
Aun con todo esto, no pude evitar preguntar cómo se encontraba cuando la vi. Me contó que su familiar llevaba ya un mes ahí, con ella y su hermano a su lado todo el tiempo desde entonces. Que lo único que quería era llevarse a su mamá a casa y que todo volviera a ser como era antes. Sobra decir que la comprendí a la perfección, también que inevitablemente se soltó a llorar. Le ofrecí mi hombro para llorar y nos quedamos platicando un rato. Quiero creer que sus ánimos subieron ya que se desahogó, aunque fuera un poco y de ahí cada quien para sus asuntos.
Ahora, a lo que quiero llegar con esta anécdota es que mostrar esa compasión hacia otra persona me hizo muy feliz. Me levantó el ánimo aunque por otros asuntos sentía que me llevaba la chingada, pero genuinamente sentí felicidad durante y después de hacerle caso a esa vocecita que siempre me está gritando que haga este tipo de cosas por otros.
De ahí continué reflexionando, ¿por qué no lo hago?, ¿por qué siempre prefiero dar la vuelta y hacer como que no veo que alguien necesita un acto de amabilidad?, ¿por qué me torturo así? Porque me duele en el pecho cuando me hago la indiferente. Se me hace un nudo en la garganta cuando no hago caso a la vocecita y veo que una persona necesita consuelo. Y tampoco me refiero a situaciones en las que puedan ponerme en peligro. Porque estando en la ciudad, debes desconfiar de todos; aun en situaciones en las que nadie saldría herido siempre elegí dar la media vuelta como si nada estuviera mal.
Entonces me acordé de otras situaciones parecidas, quizás no en persona pero que sí me marcaron.
En una ocasión una conocida (en ese entonces amiga) estaba decaída por algo, yo quise ayudar de alguna forma e insistí en hablar y seguramente procedí mal con el tema de abrirse para tratar lo que la aquejaba (pero tampoco puedo pedir mucho de mi yo adolescente). Como respuesta, me hizo sentir mal por preocuparme por ella y por querer ayudarla. Sinceramente me afectó porque la consideraba una amistad preciada y cercana.
Lamentablemente no fue la única que me hizo sentir como una mala persona por preocuparme por el bienestar de otros. Entre ellos estaba uno de mis fantasmas. Que más que cualquiera, su opinión tenía todo el peso del mundo en cuanto a estos temas. Así que cuando me hizo sentir que había hecho algo tan horrible por preocuparme por él y querer animarlo, dejé de mostrar compasión tan fácilmente.
Sí, seguramente me equivoqué a la hora de proceder, pero eso nunca es excusa para tratar a otros con la punta del pie. Como puse, no puedo exigirle demasiado a mi yo de la adolescencia, pero sin duda son experiencias que te van forjando con el paso del tiempo sin que te des cuenta.
Eso y tampoco ayudó el hecho de que mis dos fantasmas vieron esta compasión como un punto débil del cual me sacaron provecho. Seguido.
Así que para evitar más daños, dejé de mostrar un lado compasivo a todos los que veía que lo necesitaban. Bueno, en parte porque con amistades muy cercanas nunca dejé de mostrar ese lado mío. Y tampoco que deba estar para todos todo el tiempo porque eso es imposible, pero sí es malo (para mí) hacerse de la vista gorda cuando alguien (conozcas o no) necesita unas palabras de aliento.
La señorita del hospital no fue la única a la que le mostré compasión, hubo otra señorita cuya madre estaba casi por perder la vida y ella nada más pedía un milagro en la capilla del hospital (Spoilers: ¡Se salvó! :D). Alcancé a escucharla entre sus sollozos, me acerqué con unos pañuelos para regalárselos y me contó su situación. Sin pensarlo dos veces al igual con la señorita de las escaleras, le ofrecí mi hombro y un abrazo como consuelo.
Acá me voy a abrir todavía más al basto internet, no con la intención de ser reconocida o validada, sólo por compartir. Esos actos hacia otros llenaron de dicha mi corazón, supongo que es por mi personalidad con corazón de pollo, que se conmueve fácilmente (pero no de manera ingenua, ¿eh? ;3).
Todo esto se va conectando poco a poco, porque acá va otra cosa que recordé mientras iba escribiendo esto: un sueño que tuve con Jesús hace casi tres años ya.
El sueño iba algo así: Vagamente recuerdo que estaba recargada en un poste de madera, de hecho se parecía a una barca, nada más que en este no recordaba que yo había entrado como en otro sueño que tuve con el mismo personaje y escenario. Dicho lugar tenía luces de velas y aunque no ponía atención a mí alrededor, recuerdo que estaba recargada (desde el hombro izquierdo) y estaba muy molesta con alguien (spoilers: uno de mis fantasmas). En eso, otra persona me habló, me volteo y era él, puso su mano en mi hombro y me dijo “Serás completamente libre en cuanto sueltes ese odio en tu corazón.” Todo ese malestar que estaba sintiendo se desvaneció, fue muy extraño, era como si todos mis problemas se disolvieran en el aire y nada más quedara paz en mí; todo sólo por escuchar su voz.
Me pregunto si ese sueño ya estaba conectado con todo este asunto. Aun si sólo fuera un sueño, implica que mi subconsciente estaba lo suficientemente preocupado como para causar un sueño de ese calibre, lo suficientemente impactante para que comenzara a reflexionar sobre el tema.
Es algo que se queda en el aire, pero en lo personal lo tomo como una señal muy importante para dar el siguiente paso a lo que venga y cerrar el capítulo de manera definitiva.
¡Pero ahora sí! Mi error fue caer en malas costumbres alimentadas por mi arrogancia. Con todo esto que he reflexionado me he dado cuenta que mantener una paz interior es un hábito que se aprende gracias a la constancia. La situación con mi papá me abrió los ojos a muchas cosas y todo el impacto de la hospitalización, así como la posibilidad de no verlo más, reordenó mis prioridades por completo. El rencor que antes estaba en un rincón de mi corazón y que se iba expandiendo cada vez más fue desechado en un instante. Lo único que me llegué a lamentar con todo esto, fue que algo así de fuerte tuvo que suceder para que yo me diera cuenta del daño que me estaba causando, pero ya no más. Como puse anteriormente, toda esta paz interior se puede mantener gracias a la constancia y los buenos hábitos.
Hasta ahora toda esta metamorfosis forzada, pero necesaria, me mostró una faceta de mi yo más yo, que poco a poco sigue fusionándose con otros aspectos míos (buenos y malos). Mi corazón de pollo ya no añora ver consecuencias a los actos de estas personas que decidieron obrar mal. Ahora les celebra lo bueno en la vida y desea que les sigan llegando cosas buenas. Que sonrían, que siempre gocen de buena salud, que continúen viviendo rodeados de gente que los estima mucho, que sigan creciendo para volverse su mejor versión de ellos mismos. Y que toda la gloria del máximo creador los alcance con cada despertar.
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| Qué cursi, pero es la verdad. |
Ya no quiero hacer esto más largo de lo que ya es, así que lo dejo hasta acá. Estaba por hacer más pruebas de impresión de mercancía para esta noche, pero ya mi mano me grita que la deje descansar más. Esto lo comencé a escribir por el sábado en la noche, ahorita ya casi dan las 3 de la tarde del domingo, pero sigo sintiéndome cansada (de la mano).
Por si fuera poco, mi cabeza no dejaba de lanzarme ideas desde anoche. A falta de fuerza física, apunté todas y ya tengo más por trabajar durante la semana que viene. Tiene mucho tiempo que no me pasaba algo así. O sea, que mi cabeza no suelte una cosa y no deje de repetirla una y otra vez, hasta el punto en que mi cuerpo se canse pero no sea impedimento para que mi mente jale como pueda a mi cuerpo para continuar con la tarea.
Creo que la última vez que me sentí así fue cuando mi papá me regaló mi primera tableta de dibujo digital. Porque desde que me la dieron, nunca la solté y de ahí yo partí para continuar aprendiendo. Es bueno saber que esa chispa sigue ahí ^w^
Eso sí, debo añadir que hay que tener muchísimo cuidado con esto porque si nos llevamos al límite podemos lastimarnos y resulta peor. Porque en el transcurso de recuperación la mente se frustra mucho. Afortunadamente se puede evitar y hay que hacer todo con medida.
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| Sol quema. Sol muy caliente. |
babaaaiiiiiii~





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