Saludines saltarines, mis lindos lectores~ ¿cómo les ha ido esta semana?
En lo personal ando algo reflexiva, así que de eso irá la entrada =D. Quizá encuentren mucho texto, no me dan ganas de poner muchas imágenes por lo mismo que voy a tratar.
El miércoles salí para llevarle a mi esposo un repelente de mosquitos, esto con el fin de prevenir ser picado ya que los casos de dengue han estado en aumento y varios familiares, amigos y conocidos han presentado esta enfermedad. Así que más vale prevenir que lamentar.
Después de entregar el repelente y dar inicio al regreso a casa decidí pasearme por la feria del libro una vez más. Luego, mientras caminaba por la mini feria fui por una nieve de limón, de ahí continué mi travesía. Para mi buena suerte me percaté que no traía mis llaves, así que tuve que volver a subir para ver a mi esposo y que me prestara las suyas porque todavía tenía que preparar la comida. Si no fuera el caso seguro me habría quedado con él lo que restaba de la tarde jeje.Al volver seguí con mi rutina y mientras preparaba los chilitos rellenos mi mente comenzó a girar en torno a mi soledad.
Me dejó pensando porque había hecho muchas cosas por mi cuenta ese día, ninguna dañina (obviamente) y todas fueron satisfactorias. No insinúo que me pesa la compañía de otros, lo que quiero decir es que aunque esté por mi cuenta puedo disfrutar de muchas cosas. Y eso me hizo volver al pasado, recordé varias cosas, comentarios curiosos y otros negativos en cuanto a mi soledad, también que aun con todo y esas observaciones no dejé de hacer cosas por mi cuenta. Así que continué recontando ese tipo de momentos solitarios. Tuve que irme muy atrás en mis recuerdos para ubicar el momento aproximado desde que comencé a disfrutar mi soledad.
Cuando estaba en primaria (aproximadamente con 9 años de edad) una de las cosas que más quería en ese momento eran amigas, al menos una. Pero nunca lograba encajar porque no compartía ni entendía de lo que hablaban las niñas en mi salón.
Estas niñas de mi clase de primaria preferían platicar sobre otros niños y lo mucho que les gustaban o como detestaban a otras niñas. Era puro chismerío entre chamacas. Ahora que soy más grande entiendo mejor esa actividad de ‘chisme’, pero no entiendo porque debería ser algo divertido a temprana edad.
Y recuerdo que les desagradaba cuando abría la boca para preguntar “¿por qué?” cuando no entendía el motivo para un comentario o acción por parte de alguna de estas niñas. Eventualmente terminaba aislada o ignorada, pero para asegurar que me ‘quedara en mi lugar’ me soltaban comentarios como “eres una niña fea” y “eres muy tonta” entre otras que ya no recuerdo, pero esas son las que más me marcaron.
En fin, aun con todos esos comentarios hacía un esfuerzo por encajar y ganarme una amiga, pero siempre acaba con el mismo resultado: rechazo, insultos y aislamiento.
Creo que mi mamá se dio cuenta de que mi autoestima estaba siendo atacada por otras niñas del salón,; en especial una de nombre Brenda. Ojos grandes, cabello lacio castaño, alta y dientes chuecos.
Recuerdo que era la que tenía más presencia sobre el resto (del que ya ni me acuerdo, la verdad) y la que solía soltarme esos comentarios con mayor frecuencia, mientras que el resto repetía las palabras o se reían de mí.
Una tarde mi mamá tenía que salir a comprar algo al supermercado, yo quería acompañarla. Me iba a poner un pantalón, pero hacía calor a pesar de que ya eran las 5 de la tarde (aproximadamente) y mi mamá vio una oportunidad. Lo que hizo fue animarme a usar un short naranja (mi favorito), era un conjunto muy refrescante y me gustaba mucho por lo dinámico que resultaba ser, aparte de suave.
Yo no quería usarlo, porque en el fondo tenía miedo de toparme con una de las niñas de la primaria y seguro terminaría burlándose de mí. No fue algo que vociferé a mi mamá, pero seguramente lo intuyó y de todas formas salí con ella usando ese short.
No pasó anda relevante durante la recolección de la despensa… hasta que llegamos a las cajas.
Mi mamá ubicaba a Brenda por las juntas de padres que había y alcanzó a verla en la distancia. Se volteó hacia mí y me dijo “¿Esa niña no es de tu clase? Aay, ve a saludarla” y yo le dije que no quería hacer eso, pero ella me obligó a ir a verla.
No recuerdo mucho de esa interacción, salvo que Brenda se me quedó viendo con los ojos bien pelados y la boca abierta mientras me miraba arriba a abajo. Fue incómodo. Pero a pesar de eso mi mamá se veía muy satisfecha y a la vez se sintió como si mamá le hubiera dado una cachetada a esa niña.
Me es difícil de explicar, pero por ahora es lo mejor que puedo hacer con las palabras.
Después de eso noté que las interacciones con el grupo de niñas en la primaria fueron más llevaderas. Los insultos se detuvieron, sabían de mi existencia pero se limitaba a eso. Así que podría decirse que todo quedó en un ambiente muy neutral.
Un viernes durante una junta de consejo técnico nos ampliaron el recreo. Recuerdo que yo decidí quedarme en el salón a leer. Pero lo cierto es que todos los niños andaban en todos lados corriendo, subiendo y bajando.
Brenda y otra niña estaban en el salón hablando, yo escuchaba de fondo lo que platicaban mientras leía y noté que era importante para ellas porque estaban bastante indignadas.
Les cuento el chisme noventero: Había un niño de nombre Andrés, le gustaba a muchas niñas y habían acordado entre ellas no declarársele para que “nadie se lo gane” (Dios, de escribirlo me dieron ñañaras y no deja de parecerme algo tan estúpido). Había sido una especia de pacto de niñas que se debía respetar.
Pero ese día alguien decidió escribir en los baños de niñas lo mucho que le gustaba Andrés. Sólo que no lo había firmado, digo, es válido porque te expresas y sin romper el susodicho pacto.
Esta niña y Brenda estaban intentando “descifrar” con su pobre percepción quién había sido sin éxito. A lo que yo, brillantemente, les dije “Es fácil saber quién fue” y como si fueran polillas atraídas hacia una lámpara, corrieron hacia mi lugar y me miraron fijamente mientras preguntaban “¿Tú sabes quién fue?”; me espanté. A lo que respondí “No” y se vieron profundamente decepcionadas, pero mi intención de ganarme su aceptación era fuerte y no pensaba desaprovechar la oportunidad. Así que continué con mi respuesta “Pero pueden saber quién fue si le piden a todas las niñas escribir el nombre de Andrés en una hoja y compararlo con el que está en el baño”.
Brillante, elocuente, audaz y genial. Le doy palmadas a mi yo de la infancia por semejante solución.
¿Qué pasó? Se enojaron conmigo y me dijeron que era la niña más tonta de todas y que por eso nadie me quería hablar. Salieron de salón dejándome con el corazón roto y mientras ahogaba lo mejor posible las lágrimas regresé al libro.
Pasaron los minutos y el súper recreo aun no acababa. Estaba triste por el resultado de la interacción, pero para mi sorpresa Brenda y esa otra niña regresaron directamente hacia mí, traían un papel en mano y me dijeron “Escribe el nombre de Andrés aquí”.
Y entonces sucedió, algo que me pegó tal cual rayo. Algo se formó en mi cabeza, en mi personalidad, en mi corazón, algo que hasta la fecha lo tengo siempre presente conmigo. Una especie de orgullo que usaría como escudo para proteger esa parte blanda en mí.
Con indignación las miré suprimiendo el coraje ante su acto. Me limité a hacer lo que me pidieron y sin otra palabra más, se marcharon.
Concluí que yo no estaba mal, no era mala persona ni mi inteligencia era cuestionable. Ellas se desquitaban conmigo porque no tenían lo que yo sí, por eso me trataban mal. Envidiaban constantemente que me fuera bien en la escuela y que fuera mejor parecida que ellas. Sólo por ser yo era más que suficiente para haberme ganado su desprecio.
Recuerdo que a partir de ese momento dejé de intentar encajar. Sólo quería estar en mis cosas y no volver a intentar acercarme tanto a otras personas. Claro, no significa que no haya tenido amigos o me privara de ese privilegio después de ese suceso. Porque sí los tuve y los tengo, pero gracias a esa experiencia comencé a proteger y disfrutar mejor mi soledad, en vez de ver la forma de no tenerla.
Estar por tu cuenta te da una satisfacción muy extraña. Puedes hacer muchas y disfrutarlas. En mi caso, cuando todavía vivía en la ciudad, me iba a caminar al centro histórico, salía a centros comerciales, iba a supermercados para ver artículos, comía sola afuera, me iba a plazas frikis y cuando me lo podía permitir me iba al cine.
Como decía, hay algo casi indescriptible en la soledad, hay mucha paz y
tiempo para estar contigo mismo. Hay un gozo que no se puede repetir tan
fácilmente como cuando estás solo. Sé que está en nuestra naturaleza buscar la compañía de otro ser humano, de conectar, y son cosas que he experimentado y afortunadamente he podido entablar conexiones significativas con otros. He sido muy afortunada. Eso, junto al gusto de disfrutar de mi soledad me han dado mucha satisfacción. Prefiero estar sola, no lo voy a negar, pero tampoco le haré al feo si debo reunirme con seres queridos.
Claro, existen quienes consideran que estar por tu cuenta haciendo otras actividades sin compañía les ha de resultar incómodo, lo cual es comprensible. Pero si este espacio sirve como una especie de ‘señal’ para invitar a las personas que lean esto a estar solas un rato o hacer una actividad, háganlo. En serio, hacer las cosas solo te ayuda a descubrir mucho sobre ti y a entenderte mejor, así como comprender sobre lo que te rodea o causa curiosidad.
En cuanto a mis “malas” experiencias estando sola, lo único que me he topado son burlas, risas y cuestionamientos sobre hacer cosas por mi cuenta.
A veces me han preguntado si no me da “cosa” y mi respuesta siempre ha sido "no". Algo que he notado de las personas que me hacen este tipo de preguntas o comentarios, es que la persona está llena de inseguridades y tiene miedo a estar sola. Casi sin excepción.
Desde secundaria comencé a apartarme de todos mis compañeros de clase. La verdad es que la mayoría me aburría porque se iban a tomar o porque no tenía idea de lo que hablaban (de nuevo) y mis gustos siempre fueron "extraños", otros ya tenían su grupo de amigos y las únicas personas con las que compartía interés en algo estaban en otro lado del país o del mundo, así que Internet fue mi refugio en esos años (y hasta la fecha).
Como puse unos párrafos atrás, nuestra naturaleza nos pide conectar con otros de alguna forma y yo encontré internet como una herramienta eficiente para poder platicar con otros y compensar esa falta de conexión significativa.
Mis compañeros de clase, independientemente del año en el que me encontrara, siempre me cuestionaban porque estaba tan sola o porqué siempre me apartaba del resto. Obviamente no les iba a decir que me parecían aburridos, simplemente evadía con "No'más" mientras me perdía por ahí.
Cuando por una u otra razón no podía conectarme por internet para platicar con mis amigos o mi -entonces- novio, recurría a mi soledad y me ponía a pasear por la escuela mientras escuchaba música y me sentaba en algún lugar para no estorbar (reglas de la escuela, "prohibido sentarse en los pasillos" jaja). A veces dibujaba en la parte trasera de mis cuadernos en lo que comenzaba la siguiente clase y todo sin dejar de escuchar música. A pesar de que esos años no fueron los mejores en varios aspectos y que pasé por una depresión un poquitín más marcada que la promedio por causa de la adolescencia, nunca sentí mi soledad como pesar, sino como un gran consuelo.
Otra mala experiencia sucedió en una ocasión en la que me fui de paseo por el centro histórico de la ciudad, pasé a hacer un mandado exprés y aproveché para visitar varias tiendas de arte para comprarme uno que otro suministro. Inevitablemente acabé muy cansada, para comer pasé a un restaurante de comida rápida para comer una rica hamburguesa.
Me senté en una pequeña mesa para dos personas, abrí mi comida y comencé a comer. Mientras lo hacía notaba como unas dos muchachas volteaban hacia mi dirección y murmuraban algo entre sí. No alcancé a escuchar lo que decían porque traía mis audífonos puestos, pero murmuraban, señalaban y miraban hacia donde estaba yo. Era un patrón que ya reconocía, pero no quise saltar a conclusiones así que yo me limité a seguir comiendo.
Cuando ellas terminaron, siguieron volteando hacia mí y comenzaron a reírse. Luego se levantaron y se fueron. Por curiosidad miré hacia atrás de mí porque quería descartar cualquier posibilidad. Pero al hacerlo me di cuenta que había pared, así que todo estuvo claro: Se estaban riendo de mí por estar sola.
No sería la primera vez y no será la última; está bien.
Porque, si la situación lo amerita como en esa ocasión, prefiero mil veces estar sola y recibir burlas que depender de otra persona para poder hacer las cosas que disfruto; para ser yo. No puedo imaginarme la pesadez de las cadenas que una persona insegura y triste tiene que soportar con tal de no hacer algo solo; todo esto por voluntad propia, claro.
Perdón, estoy por desviarme un poco, pero no puedo evitar pensarlo. ¿Qué tan pesado ha de ser tener que estar atado a otra persona? Sea amigo, familiar, conocido o pareja, con tal de no estar por tu cuenta y sólo para hacer algo que puedes llevar a cabo sin necesidad de otro individuo. Todo por miedo al “qué dirán” o por “no querer hacer el ridículo”.
Como puse, es pura inseguridad.
Claro, quizá vengan a argumentar que hay mucha inseguridad (crimen) y que por lo mismo es preferible siempre estar acompañado. Pues es cierto, es recomendable. Pero también depende enteramente del tipo de lugares que frecuentes y el cuidado que tengas a la hora de salir. Sé que aunque tomes todo tipo de medidas de seguridad no es garantía de salir ileso de algo, pero tampoco pienso que sea culpa por el género de otro ser humano el nivel de crimen en el país. La maldad radica en todos los corazones por igual y sí o sí te tienes que cuidar lo mejor posible. Punto.
Ya sé, ahora sí me desvié bastantito. Pero no se preocupen, que ya vuelvo al tema.
Uno de mis fantasmas era algo así, siempre se mostró como una persona que no salía de casa sin la compañía de alguien. Cosa comprensible cuando estaba en otra ciudad. El problema es que, a pesar de estar ahí por años, jamás aprendió a moverse por las calles.
Siempre le echó la culpa a terceros sobre como nunca le enseñaron a usar el transporte público o aprenderse las calles principales. En una de nuestras salidas mientras usábamos el transporte público tomé la iniciativa de enseñarle lo básico de ese medio, se limitó a decirme “Todo lo que me dices es como si me hablaras en japonés”. Lo tomé como un reto para explicarme mejor, así que nos acerqué a un mapa de las rutas para explicarle de una forma más ilustrada, pero sólo afirmó “Sí, te digo, todo esto se vuelve japonés para mí” mientras se reía. Pura flojera pues, así de simple.
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| Spoiler: La verdad es que no sabe ni moverse en su ciudad natal. |
Y no sólo se limitaba a la movilidad, toda su vida siempre la ha dejado en manos de otras personas. Si no pudo estudiar su carrera soñada: “Fue por culpa de Fulanito, porque dijo que me llevaría a ver la escuela y jamás me llevó, por eso no estudié la universidad”.
Si algo se le complicaba por su falta de iniciativa, siempre se excusaba echándole la culpa a todos los que la rodeaban. Sinceramente siempre ha sido muy incompetente y todo por voluntad, lo que me desesperaba al doble de ella. Sé que ahora sueno como si esto fuera un desquite por su insuficiencia, pero la estoy usando de ejemplo de lo que pasa cuando no te animas a salir al mundo por ti mismo.
Detener toda tu vida con tal de estar acompañado constantemente no te hará ningún bien, porque hace solamente eso: detener tu vida.
Porque al final la persona que se estancará por ello serás tú. Todo se detiene en tu camino ¿y para qué?, ¿nada más porque no quieres que se burlen de ti?, ¿sólo porque no quieres que piensen algo malo de tu persona?, ¿tanto poder tienen los pensamientos sobre ti? Porque te tengo noticias, siempre habrá alguien en el mundo que se burlará de ti y habrá quienes piensen malas cosas de tu persona aunque no les des razones; sin esas excusas de por medio, ¿entonces cuál es tu motivo?
Creo que es una buena oportunidad
para reflexionar, ¿por qué no te gusta estar solo(a)?, ¿qué es lo que te da
miedo al andar por tu cuenta? Estando solo te encuentras contigo mismo, hablas contigo, tu mente suelta cosas y es bueno abordarlas para comprenderte mejor, y si por ese motivo no te gusta la pregunta clave es "¿por qué?". Reconocer eso puede ser difícil, pero seguramente te será provechoso.
Profundizar te ayudará a conectar contigo y aprenderás mucho para continuar creciendo.
Obviamente todo esto lo estoy proponiendo dentro de planos razonables. Porque si me vienen a contar que no salen porque hay narcos afuera de tu casa y que por eso jamás sales sin compañía, es completamente razonable hacerlo (incluso ni siquiera salir lol). Esto lo planteo a un nivel más íntimo para aquellos que no soportan la soledad y hacen lo necesario para evadirla.
La soledad, cuando se disfruta, te ayuda a conectar mejor con tu interior y con ese algo especial que vive dentro de nosotros. Es una especie de chispa divina que siempre está brillando dentro de ti esperando a que la notes y disfrutes. Cuando ignoramos esta chispa, comenzamos a buscarla en otros y es peligroso, porque la única persona que vela por nuestro propio bienestar somos nosotros mismos. Entonces, ¿cómo esperar a que alguien más cumpla con esa tarea tan fundamental?
Y sí, esto lo digo por experiencia. Mi primer noviazgo fue muy dañino y pasarían años hasta que me diera cuenta de que me habían manipulado para abandonar mi chispa. En consecuencia busqué esa chispa y compañía en él, pero el único resultado que encontré fue sufrimiento y casi me petateo de la depresión
causada por este individuo. Y está bien, porque así aprendí mucho de lo que pasa cuando te olvidas de ti y las consecuencias de evadir tu soledad.
Porque otra de las cosas que noté de mi persona en esos años depresivos fue que deseaba la compañía de alguien, de quien fuera. Todas las noches lloraba en silencio, quería saber que todo estaría bien y que alguien llegara a decírmelo, aunque fuera en un mensaje corto. Siempre esperé a que mi entonces interés amoroso me diera ese mensaje, pero jamás lo hizo sin importar todas las veces que supliqué por su ayuda. Así que cada noche, sin excepción, lloré hasta quedarme dormida.
Una vez tocando fondo con la depresión y sus consecuencias (dejé de comer por lo mismo y acabé pesando 45 kg., para que se den una idea mido 165 cm), recapacité muchas cosas y descubrí que me había olvidado de mi propia compañía. Entonces mi remedio fue irme alejando de este fantasma que tanto me hacía daño, fue lento pero seguro y eventualmente recordé que, en efecto, me tengo a mí.
Gracias a ese pesar no he vuelto a caer en el error. No es garantía porque siempre estamos aprendiendo cosas nuevas, pero si algo aprendí muy bien de toda esa experiencia fue lo siguiente:
Tu soledad es inevitable e invaluable, no se le debe otorgar a nadie a cambio de compañía. Pero puedes ofrecer tu soledad a cambio de otra soledad.
¿A qué me refiero con esto último? Pues verán, mi esposo es una persona muy solitaria, así que es una de las cosas que siempre hemos tenido en común. Cuando la relación inició, ambos nos percatamos que la soledad estaba ahí, pero ahora la compartíamos. Lo cual lo vuelve una experiencia muy grata. Porque estamos, pero cuando no podemos estar, sabemos que el otro estará bien ya que se tiene a sí mismo. Obviamente siempre vamos a preferir estar juntos, pero eso no significa que debamos sacrificar nuestra propia persona en el proceso.
Hay varias ocasiones en las que, estando en la misma habitación, mi esposo y yo no platicamos y sólo nos limitamos a nuestras actividades. Pero nunca nos sentimos solos. Y eso es muy bonito. Porque la conexión sigue ahí compartiéndose constantemente.
Eso sí, compartir tu soledad es peligroso, porque quizá la otra persona no sepa como estar sola y acabe dependiendo de ti para compensar su propia chispa. Podemos ayudarle a enseñarle cómo encontrarla, pero no es garantía de que lo logren, porque siempre ese proceso de descubrimiento -de la chispa- ocurre cuando estás solo.
o O o
Creo que eso es todo por ahora, mi mente ya no ofrece más sobre el tema. Si hay más lo añadiré =P jaja
Muchas gracias por leer esta laguna de palabras. Cuídense mucho, buenos lectores. Que la soledad los ilumine y espero que tengan a alguien con quien compartirla adecuadamente <3
Babai~


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