Buen día, alienígenas. Espero que se encuentren bien al leer esta entrada. Por mi parte han sido días de suma reflexión en muchos aspectos de la vida. Iré desglosando algunas cosas, pero esperen muchas quejas de mi parte en cuanto a terceros que… bueno, ya verán porque.
Pues primero que nada quiero dar un poco de información en cuanto al tipo de personas con las que compartimos espacio en donde vivimos.
Es un tanto variado, lamentablemente hay patrones malos de comportamiento que comienzan a ser ‘aceptados’ por otros e incentivados. Diría que soy yo la exagerada y resentida que no tiene nada mejor que hacer y que por eso mismo procedo a quejarme, pero no… ojalá fuera el caso. Lo cual lo hace todavía más frustrante.
Verán, el núcleo de este pesar es una persona que se la pasa haciendo lo que se les da la gana. No es algo de hace unos meses ni siquiera de un año atrás. Desde que comenzaron a vivir aquí (antes que nosotros) su comportamiento ha sido desdeñable. Lo lamentable es que ahora otros vecinos comienzan a imitar ese tipo de mentalidad. Es cuestión de tiempo para que estos departamentos se subyuguen al caos.
¿Por qué? Bueno, quiero que imaginen vivir con una persona que se cree dueña del lugar donde vive, pero es todo lo contrario ya que paga una renta y para acabarla de molar se atrasa en los pagos.
¿Pero qué conlleva comportarse como dueño? Hacer lo que se te da la gana como: llenar las escaleras con macetas y objetos variados (limitando el espacio para transitar), hacer mucho ruido como si fueran las únicas personas viviendo en un edificio, dejar su basura en todos lados (azotea, entrada a los edificios, pasillos, escaleras, etc.), poner música y películas a un volumen alto mientras tienen la puerta abierta, dejar que tus hijos corran y se muevan por todos lados sin llamarles la atención cuando se porten mal o siquiera tener la consideración de que causan molestia a otros con el ruido que causan, desperdiciar mucha agua, hacer reuniones que duran hasta altas horas de la noche y… bueno, así podría continuar, pero creo que ya pude dar una idea de cómo va el asunto con estas personas.
Seguro se preguntarán “¿por qué no se han quejado si tan malo es? ¿Dónde está el dueño?” Pues vengo a añadir más tragedia a esta entrada (?). Estos edificios han ido cambiando de dueño en varias ocasiones. El dueño actual deja mucho que desear en ese aspecto, ya que nunca ha hecho algo al respecto, no de forma directa. Presenta soluciones a los síntomas, pero nunca a la raíz de los problemas. A pesar de las herramientas que se nos otorgaron para dar a conocer este tipo de inconvenientes seguimos sin ver una solución palpable. Usualmente se limitan a un regaño y el asunto queda resuelto por unas semanas, para repetir el ciclo una vez más.
No voy a negar que hay cosas que han mejorado, pero lamentablemente esa negligencia y mal comportamiento termina mutando y manifestándose en otras áreas.
Y para añadirle todavía más leña al fuego, recientemente nos enteramos que el motivo por el que no hay consecuencias para esta gente es porque ahora forman parte de un círculo de amistades nefastas, donde todos quieren quedar bien entre ellos mismos. Así que no le veo solución a esto.
Mi único alivio es que el administrador está tan indignado como nosotros con el comportamiento de esta gente, pero al igual que nosotros tiene las manos atadas ya que no cuenta con la autoridad legal para hacer algo al respecto; sólo puede limitarse a regañar.
Es frustrante, ¿no creen? Así ha sido por seis años ya, no veo otra solución más que salir de aquí y buscar algo mejor.
Y es una idea que me parece muy curiosa, porque hace unos años no era algo que llegara a pensar ni considerar, pero creo que era natural que la idea saltara a mi cabeza después de cierto incidente y la nueva información que puse hace unos párrafos.
No sé si esta extraña confianza en mí y positivismo se deba a que mi estado de salud ha ido mejorando muchísimo, porque ya no siento esa pesadez mental que me dificultaba abrir mis ojos por las mañanas sin importar cuantas horas durmiera. Tampoco traigo encima ese cansancio enorme que rara vez me dejaba hacer otras cosas con entusiasmo y energía. Ahora que lo reflexiono era muy similar a la depresión.
He estado analizando mucho las ventajas y desventajas de salir del pueblo y volver a mi ciudad natal (por un tiempo). No voy a mentir, es una idea que se ha clavado en mi cabeza y dudo que vaya a salir con facilidad. Menos con las estupideces de la gente que tenemos como vecinos en estos departamentos; y que lentamente se están convirtiendo en una especie de ‘casa del árbol’ donde un niño/a payaso(a) tiene todo el poder, pero únicamente porque otros se lo otorgan y permiten… y hasta lo celebran.
Otra cosa que me alarma es que dentro de poco los niños ya no serán tan niños y entrarán a la adolescencia. Y ya sabemos muy bien lo que pasa cuando niños en negligencia entran a la pubertad. No es algo que me apetezca experimentar, no de primera mano donde veo que no hay consecuencias donde se supone deberían existir. Ya me cansé de esperar a que pase algo. Por seis años nos han estado pidiendo paciencia y tolerancia con el asunto, pero la paciencia no dura para siempre. Tampoco tengo necesidad de andar aguantando estas cosas, no cuando sé que tanto mi marido como yo somos capaces de mucho más y que podremos alcanzar más metas.
Antes pensaba que estaba siendo precipitada y quizás lo sea, pero mi instinto dice que esto empeorará y es una bomba que puedo evitar presenciar y vivir en primera fila. También hay algo en mí que me dice que salir es la mejor opción a seguir. Y si algo he aprendido de las ocasiones en las que he escuchado a mi instinto es que siempre tiene la razón.
También se siente como un llamado. No encuentro una mejor palabra para describirlo, porque así lo percibo. Es un llamado. Uno que es arriesgado, pero en donde hay mucho por ganar.
Y es gracioso, porque han pasado muchos años desde que no siento este ‘llamado’. La primera vez fue cuando decidí arriesgarme y empezar un gran viaje al darle el ‘sí’ a la relación con mí ahora esposo. La segunda ocasión fue cuando elegí estudiar dibujo digital por mi cuenta y quedarme en casa para ayudar. La tercera ocasión fue cuando me propusieron venir aquí y he salido ganando. No quiero dejar la impresión de que mi estancia en el bonito pueblo ha sido desagradable, todo lo contrario. Ha sido una experiencia que me ha permitido recuperarme de varios pesares y que me ha dado la experiencia necesaria para seguir viviendo de manera óptima.
Sí, después de leer esto quizás piensen o sugieran que lo más lógico sería buscar algo más dentro del pueblo, otro departamento e incluso casa. Pero lamentablemente sólo hay de dos sopas:
- Rentas accesibles, pero en las orillas del pueblo donde todavía se está desarrollando y, lamentablemente, es peligroso en cuestiones de seguridad
- Rentas muy caras de lo más básico que se puedan imaginar nada más por estar en la zona segura
No es muy alentador, pero no por eso significa que debamos limitarnos o rendirnos muy pronto. Hay opciones, sólo es cosa de ir por ellas y trabajarlas.
Otro lado muy positivo es que contamos con el apoyo de mi familia y me han estado ayudando a aterrizar mi plan 'alocado'. Gracias a eso tengo una idea más clara a la hora de trazar el plan y con eso ya sé cual es el siguiente paso a seguir.
No sé qué nos depare el futuro, pero me aseguraré de que sea grandioso. Mi esposo no merece menos. Y se lo ganó todavía más después de todo lo que hizo por mí el año pasado.
Sé que lo hace con las mejores intenciones y con todo el amor, pero eso no quita que quiero compensarle todos los sacrificios que ha hecho para cuidarme <3
Por ahora lo dejo hasta acá, hay cosas por hacer. Cuídense mucho y recuerden tomarse su agüita.





1 comentario:
Es una situación muy complicada la que vive, sin embargo, si siente el llamado y, además, están de acuerdo usted y su marido, creo que lo mejor es arriesgarse, claro, todo con cabeza y con una base sólida de apoyo para que el nuevo viaje sea más ameno. Ánimo y mucho éxito, se lo merecen.
Publicar un comentario